Ciudad de Zaragoza

22 DE JULIO DE 2014

El entorno de la Catedral de San Salvador

La luz de los tiempos aun se conserva entre sus muros.

El entorno de la Catedral de San Salvador

La catedral de San Salvador o también la Seo de Zaragoza, conservando la voz aragonesa de la palabra, representa uno de los edificios más importantes de la ciudad.
Lleno de historia y simbolismo fue sede de las coronaciones de los reyes de Aragón, los cuales, debieron escuchar la conocida fórmula de sus súbditos que evidenciaba cierto aire de pre- parlamentarismo:
Nos, que cada uno de nosotros somos igual que Vos y todos juntos más que Vos, te hacemos Rey si cumples nuestros fueros y los haces cumplir; si no, no.
La catedral fue construida sobre los restos de parte del foro romano, una iglesia visigoda y la mezquita mayor del reino de Saraqusta. El inicio de su edificación en el siglo XII integró el arte románico con el islámico, cuya manifestación más destacada es la torre actual que concuerda con la del minarete. No obstante, a lo largo de los siglos, las manifestaciones artísticas van a lograr que el edificio acoja un entramado muy apreciado por transeúntes y expertos.
El interior del edificio refleja cinco naves y seis tramos cubiertos por bóvedas de crucería de la misma altura y dos ábsides acompañados de la Parroquieta construida para albergar el Sepulcro de Lope de Luna.
El campanario barroco, la portada neoclásica iniciada en el siglo XVIII  que sustituyó a la mudéjar y el Arco de Dean destacan en el conjunto arquitectónico.
Si nos dejamos asombrar por su interior podremos apreciar el retablo mayor, obra de los artistas Pere Johan y de Hans de Suabia; el cimborrio construido en el siglo XVI; el coro de estilo mudéjar con madera de bosques navarros tallado muchos años antes de la llegada de Colón a Nuevo Mundo; esculturas de El Salvador, San Pedro y San Pablo realizadas por Juan Ramírez en el siglo XVIII; numerosas pinturas del siglo XVII y XVIII, de entre las que destacan las del maestro de Goya, José Luzán;  o el olifante tallado en marfil del caballero transpirenaico Gastón de Bearn, quien sirvió al rey Alfonso el Batallador en la toma de Saraqusta.
Muchas son las excusas para dejarse perder por el entorno de la catedral circundando el edificio entre calles estrechas y la plaza de San Bruno que en noches de verano de llena de degustadores de manjares y elixires de otros mundos, a donde algunos de los pobladores de la ciudad fueron a parar en el fin de sus vidas.
Aunque no cuesta mucho transportarse a otras épocas más lejanas debido al arte románico, mudéjar, gótico o barroco que acoge el entorno; cada año la ciudad ofrece en sus alrededores un mercado medieval en donde se pueden comprar productos artesanales, presenciar luchas de caballeros, escuchar el sonido de gaitas y chirimías, asustarse con los gritos de almogávares sin rumbo o aprender a escribir como los monjes lo hacían en sus monasterios.
Sin duda alguna, el legado del entorno a donde los reyes de Aragón acudían a coronarse, ha sido cedido a los soberanos de hoy: cualquier ciudadano que quiera dejarse coronar como buscador de la verdad y la cultura.

 

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